¿Qué pasaría si montáramos  a los protagonistas de la obra cumbre de Miguel de Cervantes en una máquina del tiempo y esta los trajera a la Cieza de 2025? En este ministerio del tiempo podéis disfrutar de una de las aventuras de don Quijote y Sancho Panza en Cieza en el año 2025.

 

Fuente: https://www.meisterdrucke.es/

 

Lucía Ruiz y Gloria Saorín (3º ESO)

Por el camino del Maripinar, durante el mediodía a la hora de la comida, Don Quijote y su fiel escudero, Sancho Panza, llegaron a las tierras del melocotón; a Cieza.

A su paso, los ciezanos miraban con extrañeza a este dúo, y estos no entendían por qué. De hecho, el caballero observaba las vestimentas y unos objetos enormes de muchos colores que parecían moverse por arte de magia.

La gente les gritaba y un ruido extraño le producía dolor de oídos por su grave sonido. Entonces, don Quijote hizo el amago de sacar su enorme espada de su costado, pero Sancho le dijo acelerado:

-¡Mi señor, no se asuste! No les hago daño, ¡nos metemos en problemas!

Don Quijote soltó un bufido para sí mismo y siguió su camino.

En busca de un lugar para descansar y reponer fuerzas, se toparon con una cuesta a la que Rocinante le costó mucho subir, ya que todavía estaba dolorido del accidente que tuvo contra los molinos de viento en Campos de Criptana. Llegaron a una plaza, la Plaza de los Carros, y don Quijote decidió que era un buen lugar para parar, ya que enfrente había un convento de monjas y estas les darían comida y agua sin problema, mientras que dejasen a su caballo en la plaza.

El problema de dejar allí a Rocinante era que en ese mismo lugar había alrededor de veinte adolescentes y Don Quijote temía por lo que le pudiese pasar a su rocín. Pero Sancho le dijo:

-No se preocupe, mi señor, yo cuidaré de él, vaya sin temor alguno.

Don Quijote confió en su leal compañero y se acercó al convento. Nadie le abrió la puerta, puesto que eran más de las ocho de la tarde y las monjas ya estaban durmiendo, por lo que no le quedaban más opciones que, cazar o pedir ayuda a los jóvenes. Mientras entraba de nuevo a la plaza vio a todos los jóvenes alrededor de Sancho y de Rocinante con unas piedras luminosas, sus teléfonos, frente a ellos y unos destellos que a don Quijote le provocaron dolor de ojos. Don Quijote exclamó:

-¡Apártense de mi caballo y de mi escudero o me obligaréis a sacar mi espada!

Uno de lo jóvenes le contestó:

-Pero pijo, ¿quién te crees que eres? Si seguro que tu espada es de juguete.

-No se atreva a hablarme así-rugió Don Quijote.-¿Qué es lo que llevan en sus manos?

-¡Acho! Pero, ¿ cómo no vas a saber lo que es? Aunque bueno con la ropa que me llevas…Mira, te lo enseño- le dijo uno de los jóvenes.

Don Quijote y Sancho se quedaron muy asombrados y se hicieron amigos de los jóvenes. El caballero y su escudero sentían una buena sensación y habían descubierto algo mejor que América.