Hoy se conmemora desde la Revista La Mandrágora el Día Mundial de la Salud Mental.

«Las fuerzas naturales de nuestro interior son las que de verdad curan la enfermedad» Hipócrates (médico griego).

 

Redacción La Mandrágora

 

Respirando profundamente, todo es posible

En estos tiempos tan convulsos, donde la hiperestimulación ya es una realidad inevitable,  se exige y se reivindica constantemente la importancia de invertir en la salud mental. Sin embargo, no se hace ese ejercicio de autorreflexión previo, que nos tiene que convencer de que hay que ponerse en manos de un especialista, bien por miedo al qué dirán, bien porque nos resulta difícil gestionar nuestras emociones.

Hay una realidad franca en este valle de lágrimas: hay que aprender a tramitar nuestra vida bajo el precepto del caso omiso cuando la mente nos lo grite. Hay que desechar enfados y prejuicios y lidiar para acabar aniquilando toda actitud que suponga que alguien se enfade por el hecho de no haber estado al cien por cien para su satisfacción, porque esto es lo que está más de moda que nunca: “Haz ciento y no hagas una, y es como si no hubieras hecho ninguna”. Y eso nos maltrata hasta la extenuación. Por eso, cuando llega el día en que nos rompemos en mil pedazos por dentro, es el momento de recurrir, sin demora alguna, a los especialistas en salud mental, esas personas cuyo oficio tanto nos cuesta pronunciar. Son guías, son ángeles y consiguen que todo lo que es negro se vuelva blanco casi de inmediato; que las ganas de tirar la toalla desaparezcan y que las ganas de vivir, que se apagan poco a poco, se multipliquen. Son ángeles porque son capaces de devolverte a la vida libres de todo prejuicio y llenos de una luz que nunca se apaga.

Cuidar nuestra salud mental es saber poner un punto a nuestro ritmo vida, unas veces ese punto será “y seguido”, pero otras tienen que ser “aparte”, con el fin de sentirnos tranquilos consigo mismos, con la única particularidad de estar bien. Ese afán de querer ser tan políticamente correctos, esa capacidad de autocrítica desbordada por querer demostrar a los demás son evidencias que solo nos conducen a una debacle difícil de reconstruir, pero no imposible de provocar, si aprendemos a mirar un poco más por nosotros mismos antes de que sea demasiado tarde.

Hoy es día de recordar a la consagrada Verónica Forqué y su franco discurso sobre la salud mental que nos dejó antes de morir: “Mi cuerpo y el universo me estaban diciendo: necesitas parar”.  Necesitamos parar de complacer, necesitamos parar de querer demostrar un talante que por naturaleza no tenemos, necesitamos delegar funciones porque no somos imprescindibles y necesitamos que las competencias en salud mental inviertan de manera excesiva e inmediata y no se dilaten más en el tiempo, porque el dinero puede tardar en llegar, pero si la ayuda se demora, la mente no reacciona y la muerte no perdona.

Cuidémonos desde el minuto uno de nuestra existencia.