José Luis Tudela, lector imprudente y profesor de Latín y Griego

Tuve ayer mismo, o hace meses, no recuerdo bien, una larga conversación con mi amigo Marcial, mas auténtica, de frente, no como eso que denominan “conversaciones” los afectados por el brillo de las nuevas tecnologías, perpetradas a través de pantallitas. Para no cansar a mis lectoras, voy a extraer de aquel diálogo un fragmento significativo, que puede hacer una idea de su contexto. Las intervenciones de cada personaje se marcan alternativamente: cada párrafo corresponde a cuál: comienza el propio Marcial, y contesto yo, y así.

“Y qué. ¿No vas a decir nada? Tú mismo lo ves casi todos los días, en tu propia clase y fuera de ella. No hace falta una inteligencia singular para darse cuenta de ello. Siempre los hubo, y ahora proliferan como virus catarrales.

El tema es triste, Marcial, muy triste…

El tema es que hay un alto porcentaje de chicos (y algunas chicas, pero menos). Digamos que, en estos entornos de Coprópolis, Mierdópolis o como llames tú a esta ciudad en tus papeles, en este ámbito mezquino hay más de un quinto de jóvenes que ni estudian ni trabajan: no pocos solo se dedican a cultivar el cuerpo, tristemente,aumentando músculo y disminuyendo neurona. Según estas lumbreras, el estudio merma su inmaculada masculinidad, el estudio los acercaría en exceso a la parte de población femenina que se está formando y ocupando paulatinamente los puestos más altos de la escala social, cultural y económica.

No sé yo…

Sí sabes. Sabes mucho tú. Esos muchachos se están viendo superados por las mujeres de su generación, a quienes odian con fuerza porque no les hacen ningún caso por insignificantes, y las tildan de feminazis, sobrepasados por quienes se han formado y tienen criterio, a quienes llaman wokes, vete a saber qué es eso exactamente (como no atinan a expresar una definición, pues nos quedamos con la duda), superados hasta por muchos inmigrantes, que comienzan ejerciendo esos trabajos básicos y mal pagados que nuestros nenes rechazan y detestan porque hay que esforzarse mucho y se les deforma el cuerpo escultural, pobrecitos.

Ahora viene lo bueno, supongo.

Por supuesto, querido. Y lo bueno es que, como esos cerebros están más atascados que la balsa de la Tía Raimunda, donde había gusarapos del tamaño de cocodrilos, hay seres que se pasan los días pegados a las pantallitas, donde en cierto momento de su infancia buscaron “contenidos” que sirvieran para desatar, o aliviar, su rabia, su desconcierto deslumbrado de luces fatuas, y ahora ya no son capaces de buscar nada: los “contenidos”, siempre de origen sospechoso, violento y ultraconsumista, que todo hay que decirlo bien clarito, los encuentran a ellos muy fácilmente. Les saltan a la vista, y no ven ni quieren otra cosa. Ya los han cazado.

Como decía mi abuelo (que conoció a la Raimunda en su salsa), tienen los ojos llenos de pan y, si tropiezan con un pozo, caen ya sin alma.

Y en ese momento ya están maduros para que los mendrugones apretados y musculados que son sus modelos se aprovechen de ellos, convocándolos para hacer eso que llaman patrullas patrióticas para preservar la nación, y en realidad se trata de progromos incipientes y redadas cuajadas de paramilitares que solo buscan introducir el miedo en los cerebros de los demás, desde la caverna más profunda. Envilecidos y manejados como borregos con la droga de las pantallitas, esa es la montaña que aplasta a estos muchachos. No saben que son carne de cañón, y están exigiendo medidas destinadas a arrojarlos directamente al vertedero social.

Pero hay un beneficio…

La mentira siempre da beneficio, pero a unos pocos.

Y la culpa siempre es de los otros y, si son los más pobres, mejor.

Así parece. Por fin entras en el tema. Me daba mucha penica leer, en distintos medios, disparates que solo buscan confundir e indignar todavía más a los incautos, incluso en la prensa propia, tan diminuta, de esta misma Coprópolis.Numerus stultorum infinitum est, ¿Se dice así?

Exacto.Dan mucha penica esos escribientes. Obedecen a sus amos. Pero has cambiado de tema, amigo, hablábamos de jóvenes…

No he cambiado de tema, es el mismo. Fíjate bien: al fin y al cabo, se sufre, en todos los ámbitos de la comunicación, un indecente bombardeo de propaganda. Por suerte, quedan todavía muchos jóvenes que merecen la pena, que piensan y razonan las cosas, conversando. No podemos tirar a la basura a una generación entera sólo por unas manzanas podridas.

Veo que no te resignas.Esa fruta para quien le guste, que no faltan virtuosas ni virtuosos de la podredumbre. No sé si podremos recuperar alguna manzana, o pera de esas sospechosas, Marcial.

Ese es tu trabajo. No olvides que nos quedan las chicas.

Nos quedan las chicas, eso sí. El futuro ya son ellas.

Pues ha salido un diálogo poco socrático, la verdad.

En efecto, hoy hemos aporreado la mayéutica. Esto es la caverna sin Sócrates. Ve acostumbrándote.”