José Luis Tudela, lector de falsedades y profesor de Latín y Griego

El pasado 21 de febrero acudí al Teatro Capitol de Cieza para asistir a la representación de Burro, por Carlos Hipólito y la Compañía AY Teatro. Me acomodé entre el público, con mi gente (en el más puro sentido de gens que tenían los romanos), en la fila siete y, al mirar hacia mi derecha, una fila más abajo, me pareció vislumbrar un perfil conocido, una silueta que hacía más de un lustro que no había visto. En efecto, mi sorpresa aumentó cuando certifiqué que el dueño de ese rostro era nada menos que Martín Martí, durante tantos años compañero en el IES José Luis Castillo Puche, que por circunstancias había decidido venir a Cieza para ver la obra en cuestión.Casualmente, esa misma semana yo había comprado el último libro de Martín, Fotografías y falsedades, y ya estaba leyéndolo. Por supuesto, abandoné mi butaca (hay que decir aquí que todavía no había comenzado el espectáculo) y me acerqué a Martín para saludarlo efusivamente. Nos reconocimos con facilidad, porque tuvimos mucho contacto en Yecla, pues ambos éramos (tal vez todavía somos) partidarios de introducir el humor en la sala de profesores, él con más fortuna que yo, por su retranca e ingenio tan naturales, tan fluidos, y su bonhomía.

Martín Martí se retiró, hace un tiempo, de la enseñanza en las aulas, pero ha sido durante muchos años catedrático de Lengua y Literatura Castellanas en el instituto citado, desde los lejanos ochenta. Es colaborador habitual en revistas y periódicos (Montearabí, La Verdad, Monteagudo…), además de editor de algunas obras del escritor yeclano José Luis Castillo Puche: La novela del perro loco. Ha ejercido también como miembro del jurado en varias ediciones del premio de novela corta José Luis Castillo Puche.

Todo este currículum, aunque parcial, está muy bien, pero ahora me interesa, sobre todo, la faceta de fabulador de Martín Martí. Ese estilo suyo… Esa forma de contar cosas… No voy a desperdiciar líneas con una descripción de los quehaceres literarios de Martín, ni en una crítica de sus maneras. Prefiero dejar que las lectoras (y lectores, aunque sean muchos menos) conformen su propia opinión con una breve muestra, una pizquita de esa prosa fina y exquisita. Bajo el título BIEN PEINADA, luce una fotografía antigua de una mocica sonriente, que adjuntamos a este mismo artículo, y después el texto de Martín, que él hace pasar como fruto de unas investigaciones de un fingido (y necesario: animo desde aquí a fundarlo) colectivo de Amigos de la Fotografía Antigua (AFA). Lean. Lean, y no se dejen palabra:

Nos quitamos el sombrero ante esta maravilla de ingeniería capilar. ¿Cuántas horas habrá empleado la maestra peluquera en concluir su admirable tarea? La sonrisa de la bella señorita es de profunda satisfacción porque tras el fotógrafo, contemplando embobado a su prometida, está Markus, con quien Helga quiere contraer matrimonio a la mayor brevedad posible. Ambos son suizos, nacidos y criados en la pintoresca ciudad de Sisstal. Helga mira a Markus con complacencia y adoración. Está completamente enamorada de él y no le importa que su futuro esposo tenga una posición económica más que desahogada.

Pero fijémonos, porque mucho nos tememos que Markus habrá torcido el bigote -que tanto le gusta a Helga- al contemplar la caída del tirante izquierdo del camisón o vestido o salto de cama o camisola -que en esto de las prendas femeninas reconocemos que estamos muy perdidos- de su novia. Tenemos la impresión de que Helga ha dejado caer voluntariamente el tirantito para dar a la foto un punto descocado. Pero, ojo, lo está sujetando con su brazo izquierdo para evitar caídas más profundas que la pongan en evidencia. El caso es que Markus está profundamente turbado y se pregunta…

Hasta aquí la muestra. Quien se haya quedado con ganas y quiera más, que se haga con el libro, tan sabroso. No lo olviden: Fotografías y falsedades, de Martín Martí, en Punto Rojo Libros. Yo lo tengo, apenas lo suelto, porque gozo con cada uno de sus relatos, admirablemente escritos, que se someten a unos títulos, entre otros muchos, como éstos: Superdotado, Abuelo con barbón y abuela, Equilibrio con tacitas, Chicas en bañador, Monja, No estamos casados, pero lo estamos deseando, Niño fumando y gallina…

Imaginamos, desde nuestra descompensada posición de lectores ocasionales, las palabras que deben de conformar relatos bajo epígrafes tan evocadores, y nos retamos a acabar su lectura sin entrecortarla con la interrupción de la risa, comenzando por las palabras del personaje escribiente que Martín imagina:

Mis compañeros han querido que mis comentarios eran pertinentes y bien fundamentados, por lo que me han animado a la publicación de este libro, una antología fotográfica preparada por ellos y unos comentarios míos, que en ningún caso están a la altura de sus fotografías.

Mis palabras, Martín, tampoco están a la altura de tus imaginaciones (falsedades, dices), por lo que tendrás que disculparme. Que vivan la fotografía y la falsedad, y el teatro, y viva Martín Martí, por supuesto, por muchos años más, y que escriba y publique más ficciones, por favor.