José Luis Tudela, (profesor de Latín y Griego y maestro de Letras Anacrónicas)
Nada cuesta aferrarse a un refrán, proverbio, un dicho o adagio, y dejarse llevar por sus corrientes de superficie, flotando, flotando sobre las intensas ondas de las vicisitudes humanas de este mundo y del otro; así hasta que el río de palabras acabe en plácido embalse o su corriente soslaye la improvisada embarcación, toda deshecha en filamentos de aforismo.
Virtuosos del género aforístico abundan, por supuesto, desde la literatura más extensa y excelsa.Así el propio Sancho Panza, tan aficionado a soltarlos a diestro y siniestro, como mandobles de cimitarra; por ello es a menudo reprendido severamente por el señor Don Quijote, que acaba empalagado del refranero clásico. Entre nuestros congéneres podemos distinguir algunos de estos Sanchos, aunque no tan extremos, pero cada cual podría, en algún momento, emular al personaje más llano de la Literatura.
Frecuento, en efecto, a muchos refranistas casi todos los días, y yo mismo puedo serlo en cualquier momento, pero no me imaginaba esta versión de mi amigo Marcial, porque él no suele dejarse caer en aforismos de ningún tipo: cultiva con mucho mejor fortuna la mayéutica y el razonamiento limpio, sosegado, sin moralejas. Pero hete aquí que, hace unos días, cayó en mis manos una de aquellas libretitas de mi amigo sobre las que ya estuve divagando en otro artículo. En ella destacaban algunas páginas dedicadas a textos muy cortos, algunos de una sola frase, sobre variada temática. Más que aforismos, podríamos decir que tocaban aquel género que Ramón Gómez de la Serna popularizó hace más de un siglo: aquello de la greguería. Me pareció objeto de, al menos, mi curiosidad, y decidí, previo permiso de Marcial, por supuesto, recopilar aquellas de sus frases cuya temática gira en torno al tiempo. Publico aquí las que me causaron mayor impacto, aquellas que me requieren más recursos cuando las leo, y espero que a las lectoras (y también a los lectores, que luego se me enfadan) les parezca, cuando menos, una lectura entretenida. Como no ofrecen una continuidad necesaria, se pueden leer en el orden que se desee.
- Un domingo nunca será Domingo, por supuesto. Puede ser cualquier otra cosa, pero no Domingo. Por eso a Domingo se le hace tan tarde durante toda la tarde de Domingo.
- El sentido de las agujas del reloj es un contrasentido, porque nunca sabremos lo que sienten.
- De Krasznahorkai: “transcurre, pero no pasa”. Efectivamente, y así va dejando cierto regusto de déjàvu insufrible, tal vez porque, en este siglo, ya somos bastante viejos.
- Hay muchos relojes que están averiados, pero siguen acertando dos veces al día, lo mismo que tu cuñada.
- José Luis pretende hacerme creer que el tiempo, con todas sus horas y segundos, tic tac tic tac tic, es fluido como champú. Entonces, obligadamente, tiene que suponer lo peor cuando entra en la ducha y está casi acabado el último bote.
- Y cuando nieve será como si las horas de la mañana cayeran sobre el paisaje segundo a segundo. Como nieve.
- Los relojes, con sus agujas, quieren vacunarnos contra el virus de la impaciencia.
- Aunque nadie me crea, ayer estuve a punto de perder el tiempo, y lo perdí, durante toda la mañana: dejé el reloj sobre la mesa de la cafetería y me fui. Luego,al regresar, pude recuperarlo, pero renuncié a buscar el tiempo perdido. Que lo hagan los simbolistas franceses.
- ¿A qué huelen los días?Los que ya han transcurrido dejan cierto aroma de caja cerrada; los que todavía no han llegado se sienten como rosas o madera de álamo a punto de la herida. Rumores de río.
- José Luis se pone el reloj de pulsera antes de entrar en clase. José Luis se lo quita cuando ya ha entrado, depositándolo sobre una mesa. Yo creo que a José Luis le pesa, sobre el pulso de la vena cefálica, el mero transcurso de los minutos.
- Dicen que hay un tiempo para cada cosa, pero también una cosa para cada tiempo. Poco sabemos de estas cosas.
- La luna se desgasta cada noche, como nosotros, con la diferencia de que ella se recrece mientras observa nuestro desconcierto.
- El tiempo sin nosotros es ausencia de palabras igual que el mar se vacía de aire en días calmos.
- Esos días, esos que guardábamos en los armarios, en los cajones de escritorios ya sin uso, debajo de fotografías borrosas, momentos de felicidad entonces ignota.
- Algunas veces pienso que el tiempo duerme en la palma de la mano de un funcionario del Ministerio de Gobernación y que, cuando aquel despierte, se jubilarán ambos.
- Había ciertos lugares donde los más tontos habían hecho relojes que los más listos nunca se atrevieron a mirar.
- Los cuartos de baño también tienen sumideros de tiempo que nunca se atascan.
- Cualquier tiempo pasado puede haber sido peor.
- Lo más parecido, en bronce sereno, al paso de los trenes. Todo se pierde en el aire.
- Los tiempos del verbo. Presente. Pretérito. Todo se imagina para vivir más: hacia atrás, hacia adelante. Pero qué es el presente. Nada. Lo mismo que el futuro.
- Dice José Luis que los tiempos del verbo griego son otra cosa. Es verdad. Aquella gente vive todavía en sus palabras: Aoristo. Les bastaba una letra para vivir el pasado ahora.
- De madrugada, los ángeles duermen colgados del techo, y su sueño de relojes tercos cae a gotas sobre los que todavía permanecemos en vela.

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